martes, 15 de febrero de 2011

Verde Greco

                               
                               Poema de Rafael Alberti.


"Verde"

"Un agónico helado verde Greco,
un verde musgo legamoso Greco,
un disecado verde vidrio Greco,
un verde roto Greco."



lunes, 14 de febrero de 2011

«Al sepulcro de Dominico Greco, excelente pintor».


Esta en forma elegante, oh peregrino,
De pórfido luciente dura llave
El pincel niega al mundo más süave,
Que dio espíritu a leño, vida a lino.

Su nombre, aun de mayor aliento dino

Que en los clarines de la Fama cabe,
El campo ilustra de ese mármol grave.
Venérale, y prosigue tu camino.

Yace el Griego. Heredó Naturaleza

Arte, y el Arte, estudio; Iris, colores;
Febo, luces —si no sombras, Morfeo.—

Tanta urna, a pesar de su dureza,

Lágrimas beba y cuantos suda olores
Corteza funeral de árbol sabeo.
                                        Luis de Góngora.






domingo, 13 de febrero de 2011

"1614" : El principio.

     El 7 de abril de 1614 muere, en Toledo, Doménikos Theotokópoulos, "El Greco". Pero su muerte no fue su final, todo lo contrario, 1614 fue el principio.

      Y así, como mejor sabía, pintando, lo reflejó él en su "Entierro del Señor de Orgaz", donde la muerte no es sino el nacimiento a la vida eterna, el viaje del alma hacia un "cielo abierto de gloria".

       También lo escribió Paravicino en uno de sus sonetos:

Creta le dio la vida y los pinceles,
Toledo mejor patria, donde empieza
a lograr con la muerte eternidades.

       Y por eso 1614 fue el principio de la eternidad, una eternidad de la que pronto se cumplirán cuatrocientos años.


El Greco por Jorge Guillén.

La peñascosa pesadumbre estable
Ni se derrumba ni se precipita,
Y dando a tanta sigla eterna cita
Yergue con altivez hisopo y sable.
¡Toledo!
Al amparo del nombre y su gran ruedo
-Toledo, quiero y puedo-
Convive en esa cima tanto estilo
De piedra con la luz arrebatada
Está allí Theotocópulos cretense,
De sus visiones lúcido amanuense,
Que a toda la ciudad prescrita en vilo,
Toda tensión de espada
Flamígera, relámpago muy largo:
Alumbra, no da miedo.
¡Toledo!
A mí mismo me excedo
Sin lujo de recargo.
Filo de algún fulgor que fue una hoguera,
Siempre visible fibra,
Zigzag candente para que no muera
La pasión de un Toledo que revibra
Todo infuso en azules, ocres, rojos:
El Alma ante los ojos.

Jorge Guillén.

El Entierro del Conde de Orgaz


Quisiera estar ahí entre las figuras
que resumen Toledo y sus arcanos,
rostros que son incendios sobrehumanos,
ropas que son delgadas veladuras.

Quisiera estar ahí, entre las oscuras
almas de los hidalgos castellanos,
sostener el cadáver con las manos
y volar como incienso a las alturas.

El tiempo enseña que es vano mi empeño,
que soy sombra y el arte sólo un sueño,
un ilusorio fuego y sus despojos.

Tal vez. Pero al mirar el cuadro infiero
que algo transcendental y verdadero
me llama desde el fondo de esos ojos.
José María Gómez Gómez.