

«(...) ¿Quiénes son? ¿Qué hicieron?
De esos hombres retratados por el Greco, apenas se tienen datos; de algunos no se sabe nada. ¿Qué existencia viven en el mundo de las ideas? ¿Piensan? ¿Sufren?
Hay algo de indescifrable en su expresión; un nimbo de pensamientos y de dolorosas angustias late y vibra alrededor de sus cabezas.
Entre si, se conocieron sin duda; aún ahora, en la soledad, al anochecer, en la sala desierta, deben comunicarse sus espíritus. Esos retratos fueron hechos para adornar las austeras salas de nuestros antepasados.
Hoy esos hombres, esos caballeros protestan de la exhibición a que están sometidos, y en sus ojos se lee el desprecio que sienten sus almas fuertes por la masa imbécil, por la masa sin nervio de nuestros miserables días (...)»
Pío Baroja, «Cuadros del Greco, 1. Los retratos del Museo del Prado», El Globo, Madrid, 1900.
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